domingo, 19 de julio de 2020

Mentira tras el cristal: Capítulo 6



A pesar de que callara y no discutiera la contradicción que diera su prima, dejándola en ridículo delante de sus amigos. Tenía que admitir que algo de razón tenía, ella se conocía bien, sabiendo que si ya se saltaba las normas, haciéndose creer que no volvería a pasar, ella, en el fondo sabía que sí que volvería a pasar, porque fuerza de voluntad poca, pero era algo, que no quería admitir, y a pesar de todo no era nadie para dictarle lo que tenía que hacer y lo que no. Ella se había tomado ese papel muy en serio, ser su hada madrina, como si se preocupara por su salud y sus deseos, cual la realidad era bien distinta, disfrutaba verla sufrir, en todas aquellas pruebas, nuevas e difíciles para ella.

Nadie se podía imaginar lo duro que era todo aquello para Ruth, ella se esforzaba lo más que podía, y callaba para no discutirse con Rackel ya que estaba lo que más deseaba en juego. La adolescente de quince años, empezó muy ilusionada y con mucha energía, pero a medida que pasaba, los días, las semanas, se iba desvaneciendo, lo más duro para ella eran las comidas. Ella y su prima a régimen, mientras que sus padres engullían todo aquello que le gustaba. Iba dando volteos a su ensalada, notando como su boca se volvía agua, al contemplar las delicias que tenía ante sus ojos. Supondría que su cuerpo soportaría y se adaptaría a ese sobreesfuerzo, pero no era así y ajuntándose a esa reducción de comida de gustosa, le era cada vez más difícil, llegar al final de ese recorrido, notando que le faltaba las fuerzas, y el oxigeno produciéndole más de un mareo. Por otro lado o el trabajo de animadora era muy duro, o la tomaban por la idiota del grupo, la mandaban faenas, que no tenían nada que ver con ser animadora, mientras que sus compañeras, hacían trabajos aptos de la futura profesión.

Llegando el domingo lo aprovechaba para dormir e descansar incluso después de correr los sesenta minutos que le obligaba Rackel. Aprovechaba también el día, para salir con sus amigos y su chico, ya que durante la semana, apenas les podía ver he estar con ellos. Juntos, salían a pasear, se dirigían a diferentes lugares, como al cine, al zoológico, algún parque temático o bien Codi y Ruth a solas como la parejita romántica que eran. Fuese como fuese y a pesar que nunca se auto invitará, siempre se acababa encontrando con Rackel, en el momento, que pasaban por alguna panadería o pastelería notando como su cuerpo se debilitaba, sus tripas reclamaban, sus ojos se quedaban en blanco a la presa de un gustoso bollo, cubierto de alguna sustancia, preferiblemente crema. Casualmente la presencia de Rackel siempre daba la sorpresa, evitando que está hiciera tal locura y que a Ruth, le entrará ganas de estrangularla, ya que la cogía, sin darle la oportunidad de explicarse, la obligaba a ir para casa.

Ruth odiaba con todas sus fuerzas a Rackel, pero ¿cómo llevarle la contraria, sabiendo que se inventaría cualquier historia, y sus padres se la creerían antes que a ella? Le parecía increíble, sí, increíble pero cierto. La habitación apestaba a humo, ya se encargaba ella que no fuera asiera, dejando las ventanas abiertas, enseguida que encendía el cigarro, y la dejaba abierta hasta bien entrada la noche. Muchas veces por eso, cuando se acababa un cigarro, Rackel, encendía otro de inmediato, apagándolo al momento, llamando a sus tíos, para informarles de los cigarros que se había fumado su hija, estos muchas veces eran testigos, de cómo Ruth, arreglaba todo para que todo el humo saliera lo antes posible, contra mas que ella intentaba explicarse y decirles la verdad ellos no se la creían, menos cuando encontraban el paquete de tabaco y el mechero en sus pertenencias. Ruth apretaba los dientes, con ganas de gritar pero ¿de qué serviría? Así que busco otros medios, como grabar las conversaciones mientras Rackel fumaba o grabar imagen y sonido, pero siempre, Rackel acababa pillando las cintas y destruyéndolas. También probo, ir en busca de sus padres entre tanto Rackel estaba entretenida fumando, pero esta, era mas lista que el hambre, y apagaba el cigarro inmediatamente, declarando que quien había fumado a escondidas era Ruth. Jack y Loren acababan echando una charla a Ruth en vez de a Rackel incluso la llevaron a ver un especialista, era simpático, y parecía que la creía, el problema era convencer a sus padres.

Después de un tiempo, parecían que las cosas volvían a su cauce. A pesar de odiar la bascula, Ruth le echaba valor e coraje con un escalofrío recorriéndole todo su cuerpo, por miedo a que indicara un quilo mas en vez de unos cuantos menos. Cerraba fuertemente los ojos, echando el peso, en el segundo pie que había dado el paso, grande fue su sorpresa cuando abrió los ojos, y vio, que la aguja marcaba una cantidad menor de la acostumbrada. Todas se lanzaron a ella con elogios, y felicitaciones e suaves palmadas en la espalda. Ruth también se sentía contenta e feliz, pero también muy cansada por el esfuerzo obtenido. A partir de ese mismo instante, la rutina de los trabajos de animadoras que obligaban a hacer a Ruth fue sustituida por el trabajo, que constituían todas y es por esa faena, en que Ruth, se había apuntado al equipo, para constituir todas aquellas acciones.

Era una noche calorosa, todas las ventanas de la casa, permanecían abiertas, apenas dormían con una sabana cubriéndoles el cuerpo, aunque a Ruth incluso era molesta ante las pesadillas que les visitaban cada noche, como pasteles y bollos gigantes como protagonistas, persiguiéndola gritando a la vez <<cómeme, cómeme>>

  • No por favor, dejarme, dejarme, os lo suplico, tengo obligaciones ¡¡no!! –gritaba estrujándose de un lado a otro de la cama, dormida, con los puños firmemente cerrados, agarrando con fuerza, la sabana, sus nudillos, estaban morados, por la falta de sangre en esa zona. Sus ojos se abrieron sin aviso, con gran profundidad, mirando el techo, sus pupilas, iban de una esquina a otra con rapidez. Sus mejillas, como el resto de su cuerpo estaba bañado en sudor, su respiración acelerada, su garganta seca. Los sonidos le empezaron a venir a sus oídos <<si, sigue, sigue ummmm me gusta, no pares>> esas palabras le horrorizaron, sonaban como un murmuro. Muy lentamente se sentó en la cama. Sus ojos se abrieron como los de los dos búhos en plena caza, su boca se amplio como un túnel de tren, al observar a Rackel sentada frente al ordenador totalmente desnuda, tocándose sus partes más intimas sin dejar de gemir –¡Rackel! ¿pero qué estás haciendo? –se sorprendió.
  • ¡Ah, Ruth! ¿¿Qué haces despierta?? ¿¿tú no estabas teniendo una pesadilla?? –se sorprendió Rackel tapando sus partes más intimas.
  • ¡Hombre gracias por sacarme del sufrimiento! –se ofendió Ruth –bien no me cambies de tema… ¿se puede saber que haces desnuda a las… tres de la mañana? –preguntó las últimas cuatro palabras mirando el reloj con los ojos entrecerrados, por la deslumbrante luz del despertador –¿qué es eso? –fijó la mirada a la pantalla del ordenador, estaba chateando con alguien y se tenían puestas las cámaras webs y su acompañante, le mostraba un musculo bien grueso, pero tenía, la cámara demasiado cerca para identificarlo.
  • Aléjate de la cámara –le pidió educadamente Rackel, a quien tenía al otro lado de la pantalla. Este obedeció. Los ojos de Ruth identificaron cada vez más claro a un chico más o menos de la edad de Rackel, desnudo, tal como dios le trajo al mundo.
  • ¡Oh cielos! ¿qué hace ese chico desnudo? ¡qué vergüenza que asco! –exclamó Ruth, tapándose con ambas manos su cara rojiza.
  • Venga primita… de esto se llama cibersexo, deberías probarlo es muy sadisfactorio –le incitaba Rackel.
  • ¡Ni hablar, saca ese guarro de mi vista o grito! –le chantajeó Ruth.
  • Vamos primita relájate… -le dijo, con una voz muy cálida e sensual, acercando muy lentamente su mano, rozando sus dedos en su pecho.
  • ¡¡¡MAMA, PAPA!!! –grito.
  • Ei ¿¿Qué haces?? ¡¡para, vas a despertar a todo el mundo!! –gritó Rackel en movimientos rápidos.
  • Niñas ¿Qué pasa? ¿por qué ese grito? ¿estáis bien? –preguntaron, con la respiración entrecortada, por la rapidez que habían subido las escaleras, y el nerviosismo por si algo grave las hubiese pasado.
  • Um… Ruth ¿qué haces? ¡son las tres y media de la mañana! –se izo la remolona Rackel, tapada hasta la cabeza.
  • Ruth Parcker, ¿nos puedes explicar que está pasando aquí? –pregunto Jack con un tono de lo más severo. Mirando a su alrededor, viendo a su sobrina durmiendo plácidamente, su hija de pie tapando la pantalla, nerviosa miraba a sus padres, y después a su prima. Ruth sabía que cuando la nombraban por nombre he apellido, es que estaban muy enfadados con ella, sin saber porque se sentía muy nerviosa ¡ella, que no tenía nada que ver con toda aquella locura! Inconscientemente estaba tapando la pantalla del ordenador.
  • ¿Qué haces con el ordenador encendido a estas horas de la noche? –preguntó Jack.
  • Espera… ¡si estas en internet, se ve el logotipo arriba! –examinó Loren, por encima de los hombros de su hija, ya que está, no daba inicios de moverse.¡Apártate! –
  • le ordenó Jack
  • ¡Papa no!
  • ¡¡Que te apartes te he dicho!! –repitió Jack. La joven obedeció cerrando fuertemente los ojos, con su cara colorada, todo su cuerpo temblando.
  • Venga cielo ahora te toca a ti, enséñame de nuevo esas tetitas… -salió escrito en la ventana del ordenador. Jack y Loren pudieron ver a ese gran pene con todo su resplendor. El del otro lado, al ver tales desconocidos, apagó rápidamente la cámara, desapareciendo de inmediato de la red. Los cuerpos de Loren y Jack se giraron muy lentamente, en sus rostros se notaban gran furia.
  • No… no os precipitéis… yo no tengo nada que ver con todo esto… yo estaba teniendo una pesadilla… cuando he despertado ella estaba desnuda tocándose para ese asqueroso, de verdad que soy inocente –se defendía Ruth, notando como su voz se debilitaba, y sus ojos se humedecían.
  • Hay algo mas rastrero de lo que has hecho… -comenzó Jack mirando fijamente a los ojos de su hija. En ellos se veían claramente: enfado, disgusto e decepción – ¡y es la mentira, siempre la misma! ¿¿tanto odio le tienes a tu prima para que le hagas todo esto?? –le grito estando a dos centímetros de su cara.
  • Papa, es la verdad, yo no me inventó nada, tenéis que creerme –noto como le resbalaban las lágrimas por las mejillas, con todo su cuerpo apoyado en la pared, temblando.
  • ¡¡Basta!! ¡¡Quedas castigada Ruth Parcker, ni teléfono, ni ordenador, ni amigos, ni novio, hasta nueva orden!!
  • ¿¿¿Qué??? ¡¡¡No me podéis hacer esto, yo no hecho nada!!! ¡mama! –suplicó en busca de compresión.
  • No Ruth, esta vez te has pasado bien, y con las veces que te advertido esto, te tienes bien merecido el castigo, es increíble de verdad, increíble –dijo Loren con el mismo tono que su marido, saliendo uno tras del otro de la habitación sin dar una mínima oportunidad de explicarse Ruth, dejándola como si le hubiesen tirado un jarrón de agua helada por encima. Al rato hecho la mirada a su prima, que se reía con gran satisfacción ¡se había vuelto a salir con la suya! Ruth la miró con despreció e irá, todo su cuerpo se desplomó en la cama y el cansancio fue sustituido por las lágrimas y el dolor, prefiriendo mil veces la pesadilla, que todo aquello.

  • Los días pasaban y con estos, el calor era más potente e insoportable. Si Ruth odiaba a Rackel, ese sentimiento había aumentado considerablemente. Por su culpa se veía encerrada entre cuatro paredes, sin amigos, sin novio, aislada del exterior. Aquella misma mañana, le habían trasladado el ordenador al salón. Rackel no mostraba signo de arrepentimiento ninguno, aireada en su mundo, sin importarle que estaba así por su culpa, es más parece que había establecido amistad con una pandilla tan farsantes como ella. Se pasaba el día en el exterior, junto a sus nuevos amigos, en el que ella agradecía enormemente, así no tenía que verle la cara para nada, al mismo tiempo, le daba envidia extrañando a un mas a los suyos. Una mañana con una calor pegajosa e sofocante Ruth se encontraba sentada en la cama, con sus piernas dobladas, pasando los brazos alrededor de esta, su mirada triste se clavaba al exterior, a través del cristal transparente, observando como Rackel se alejaba no sin antes despedirse de Ruth, con malicia en su rostro. Una mueca de odio, expresaba su cara, viendo como se alejaba. Se estiro en su cama echándose su almohada por la cara, recordando que lo único que funcionaba en su vida en esos momentos, era el grupo de animadora, ya había perdido quilos, con eso había conseguido que la aceptaran, ya la admitieran en el grupo, ya trabajar como las demás. Cada día ensayaban una coreografía nueva, eso a ella, la llenaba de ilusión. Cuando plegaba de allí, y a escondidas de Rackel, la visitaban cinco minutos, Hillary, Dan y también Codi, que este último le daba un tierno e cálido abrazo, y un suave apasionado beso en los labios. Los tres le aseguraban que intentaban llamarla, pero siempre respondían sus padres, confiscando la llamada, al igual que las visitas que le hacían. Ruth, también intentaba comunicarse con ellos a escondidas, pero sus padres la vigilaban, evitaban que hiciera la llamada. Quien detestaba esa nueva norma de comida, era el estómago de Ruth que no dejaba de reclamar comida, ella con gran pesar no podía satisfacerle.

Sin saber cómo ni cómo no, la báscula, paso de ser su amiga, a su enemiga nuevamente, sin razón aparente, el peso había aumentado. Ruth notaba la mirada penetrante de todas sus compañeras como cuchillos afilados que quisieran sobrepasarla.ç

  • Yo no he hecho nada de verdad, he seguido mi dieta, mis ejercicios como ahora –se defendió Ruth. Todas miraron a Rackel.
  • Es cierto mi primita tiene razón, yo misma me ha asegurado que lo cumpliera –la defendió con una voz de lo más dócil.
  • Pues la báscula no indica lo mismo –gruñó una de las superioras, con el pelo rubio, sin quitar el ojo a la cantidad de la bascula.
  • Nosotras somos inocentes, no entendemos un cambio tan radical –Rackel miraba a Ruth con una falsa pena.
  • ¡Hacer lo que sea para bajar peso! –ordenó la morena –sino nos veremos obligadas a echarte del equipo.
  • ¡No por favor! –suplicó Ruth.
  • ¡Lo que sea menos eso! ¡Es el gran sueño de mi primita preferida, no podéis hacerle una putada así!
  • ¡Pos ya sabéis o baja peso o eso es lo que habrá! –repitió la rubia satisfecha.

Noches más tardes, Rackel despertó por unos ruidos extraños, procedentes de la planta de abajo, sigilosamente, se levantó de la cama, se dirigió hacia la zona, guiándose por sus oídos. Se sentía con miedo, así que cogió un palo de beisbol para protegerse. Notaba como sus manos, como todo su cuerpo temblaba a la misma vez que se deslizaba por los peldaños, apretando fuertemente los nudillos al bate. Todas las luces estaban apagadas, solo se notaba una claridad, procedente de la cocina…. Un gran suspiro de alivio, salió de su boca al ver que era Ruth, quien estaba montando todo aquel alborotó. Sus pupilas giraron alrededor observando a Ruth sentada en el suelo, con comida esparcida por la zona, la nevera estaba abierta, he ahí la claridad destacada. Ruth se encontraba engullendo todo lo que se encontraba a su paso.

  • Pero Ruth… ¿Qué haces? –se sorprendió Rackel sin creer lo que estaba viendo.
  • Eh ¿qué pasa? ¿Rackel? ¡O dios mío que he hecho! –exclamó soltando a la vez un trozo de pollo, que había sobrado de la cena, llevándose las manos a la cabeza.
  • Eso digo yo, ahora entiendo, porque te engordaste –gritó Rackel.
  • Yo no quería de verdad, pero pasaba mucha hambre, mis tripas, le reclamaban, ya no aguantaba más, incluso tenía pesadillas, con bollos persiguiéndome ¿Cómo hubieses aguantado tu en mi situación? -Se agarró a sus piernas, con voz suplicante, casi llorando.
  • Te entiendo, que todo ha sido un cambio muy fuerte para ti, ¿pero tú quieres ser una gran animadora? –preguntó Rackel mirando fijamente a los ojos de Ruth.
  • ¡Sí, por supuesto! –dijo toda convencida Ruth.
  • Pues ahora o si te vuelve a pasar, tendrás que hacer lo siguiente…
  • ¡Sí, si haré lo que haga falta, tendré fuerza de voluntad suficiente como que me llamo Ruth Parcker! –se animó ella misma.
  • ¡Vamos al baño, tenemos que ir a echar todo lo que te has metido!

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