domingo, 19 de julio de 2020

Mentira tras el cristal: Capítulo 13



  • ¿Por qué tenemos que ser nosotros los traidores? –pregunto exaltado Dan.
  • ¿Traidores? ¿nosotros? Perdona pero aquí los únicos traidores son tu primo y Rackel –no dejaba de ir de un lado para otro Claren nerviosa.
  • Pero queréis tranquilizaros y explicarme ¿qué ha pasado cuando habéis ido a buscar a Codi? –preguntó John mirando a los dos chicos sin entender nada.
  • Pero tiene que haber alguna explicación, mi primo no es de esa condición.
  • Pos tu ya me dirás, igual de claro que yo los has visto, desnudos, entre besos, abrazos, entregándose al máximo uno al otro –expresó Claren notando un escalofrío por todo el cuerpo.
  • ¿¿perdón?? –interrumpió John notando un respingo.
  • Eso, Rackel, y Codi, estaban en un parque solitario, desnudos, tal como dios les trajo al mundo, tocándose, besándose hasta el último tramo de su piel, de su cuerpo ¡era espeluznante! –recordó Claren.
  • Increíble –dijo John con sus ojos bien abiertos – ¿estáis seguros que era Codi? ¿no era alguien que se le pareciera?
  • Ciega no estoy, y Dan tampoco ¡era Codi haciendo el amor con Rackel! ¡menudos gemidos! –otro escalofrío le rodeo a claren.
  • Pero Claren esa tía le estaría obligando, ya sabes lo manipuladora que es –continuaba justificando a su primo Dan.
  • Pos yo de verle sufrir nada ¿eh? Más bien todo lo contrario, estaba disfrutando el que mas, cuando se la ha metido hasta el fondo… ¡oh dios, que asquerosidad, pobre Ruth! –se tapó su cara con ambas manos, sobresaltándole los colores, de lo que le dolía toda aquella situación, sobre todo por su fiel amiga. John, se acercó a ella abrazándola fuertemente.
  • ¿Estás bien? –preguntó John, cuando se hubo incorporado Claren.
  • Sí gracias estoy mejor –respondió alejándose.
  • ¿A dónde vas? –preguntaron a coro Dan y John.
  • A casa de Ruth, se lo voy a contar todo, ella debe saberlo y elegir –continúo caminando.
  • Espérame voy contigo –corrió alcanzarla John.
  • Yo también, no corráis tanto –se apresuró a decir Dan, yendo tras ellos. Haciéndoles detenerse en una panadería a por algo de comer para llevar a menos disgusto la noticia a Ruth.

Los tres se encontraban en el salón de casa de su amiga, junto a los padres de esta.
  • Subamos arriba, Ruth, ya debe haber terminado la sopa que le preparado, está con su amiga Estefany –dijo la madre de la enferma, dirigiéndose al filo de la escalera, al mismo tiempo que escuchaba al igual que los demás, un grito por parte de su hija. Los tres chicos se miraron sin decirse nada, con la simple mirada ya se lo dijeron todo –hola cielo, mira quien han venido a verte.
  • Ei chicos que bien que hayáis venido –se alegro enormemente Ruth.
  • ¿Cómo te encuentras Ruth? –le preguntó Claren con una débil sonrisa.
  • Bastante mejor, gracias al medicamento del doctor, me ha bajado bastante la fiebre, pero ya ha dicho que es temporal, que en cuanto se pasen los efectos del medicamentos, me volverá a subir.
  • ¿Y qué le ha dicho el médico? –preguntó Claren.
  • Lo que nos temíamos tiene unas buenas anginas y tendrá que estar en cama unos días –explicó Loren.
  • Pos ya sabes, hacer bondad –dijo John, observando cómo Ruth afirmaba.
  • Ya lo hago, aquí estoy en cama, más aburrida que una ostra, suerte que Estefany ha venido, hacerme compañía –le abrazó por la cintura Ruth con una sonrisa.
  • No me lo agradezcas, eres mi mejor amiga, te echaba en falta, en las animadoras sola con todas aquellas glándulas, que martirio –le respondió Estefany, con una amplia sonrisa.
  • ¿Y tú que Dan? ¿no te cansas nunca de comer? –le preguntó Ruth entre risas.
  • Ya ves que no, hay cosas que nunca cambian –disimulo su preocupación Claren, respondiendo por Dan que tenía la boca repleta de dulce.
  • Una cosa chicos –dijo Ruth, mirando por toda la habitación –donde esta mi Spiderman ¿no ha venido con vosotros? –preguntó Ruth soñadora.
  • Bueno veras, de él veníamos hablarte –comenzó Claren, jugando con sus manos nerviosas mirando al suelo.
  • ¡No Claren no se lo digas, se pondrá peor! –le interrumpió Dan.
  • ¿El qué? ¿Qué pasa? –se interesó la víctima.
  • Dan somos sus amigos, no podemos traicionarla de esta manera –argumentó Claren.
  • Traicionarme ¿por qué? –preguntaba cada vez mas intrigada e nerviosa Ruth.
  • Yo también encuentro que debería saberlo –opinó John.
  • ¡¡Alto!! –gritó Ruth, consiguiendo que la habitación quedara en silencio. Todos la miraban -¿Qué pasa? ¿Qué me escondéis?
  • Hemos perdido a Codi en la fiesta… -comenzó Claren, sin saber cómo continuar, mirando a Dan indicándole que le ayudara a seguir.
  • Hemos ido a buscarle, lo hemos encontrado… -no sabía cómo continuar Dan.
  • ¿Y? ¿lo habréis encontrado no? –se impacientaba Ruth.
  • Sí, pero en unas condiciones que… ¡uffffff no te van a gustar! –se desesperaba Dan.
  • Veras Ruth, han encontrado a Codi en plena acción con Rackel –acabo diciendo John.
  • ¿Qué? Define en plena acción –pidió Ruth con sus ojos entrecerrados.
  • Ya sabes mete, mete, saca, saca –acabo Dan viendo como John se estaba poniendo en un apuro.
  • ¿pero que estáis diciendo? ¡eso es imposible! –exclamó Ruth con esfuerzo, cogiendo su móvil, marcando el número de teléfono de Codi, en el cual daba tono, pero sin aviso salió desconectado.
  • Me lo ha apagado –se extrañó grandemente Ruth mirando el teléfono desconcertada.
  • Lo ves –le dijo Claren.
  • Eso se abra cortado, sí, el no me ha colgado sé que no lo ha hecho –se negaba a creer Ruth. Claren y Dan se miraron sin saber cómo hacerle ver la realidad.
  • Tengo una idea… -dijo John, sacando su móvil tocando unas teclas –ten prueba otra vez con mi teléfono –le entregó el joven. Ruth no tardo en teclear el número, el tono se volvió a sentir.
  • Si… -se sintió en el otro lado.
  • ¿Rackel? –se extrañó enormemente Ruth, mirando a todos los presentes.
  • ¿Ruth? –se extrañó también Rackel. Ruth colgó de inmediato el teléfono, su respiración se aceleró. Su rostro se pareció, sus manos temblaban.
  • Ruth ¿estás bien? –preguntó Claren dando un paso a ella.
  • E… era el móvil de Codi ¿Cómo es posible que lo tenga Rackel? –preguntó buscando una respuesta, en sus amigos. Claren y Dan, se miraron, después fijaron la mirada a Ruth – ¿co… como me ha podido hacer esto? Yo le quiero y pensaba que él también a mi… -se notaba la voz cada vez más debilitada, sus ojos estaban cada vez mas nublosos, sus lágrimas empezaban a brotar, su llanto el protagonista, notando como sus amigos se le acercaba para consolarla.

Su cabeza, todo su cuerpo reposaba en aquella alargada camilla, sus manos, se encontraban una encima de la otra, ambas sobre su propio pecho. Su mirada iba directa al techo, mientras que de su boca, no dejaba de salir, el relato de Hallowen. Sara permanecía a su lado, sentada en aquel sillón de terciopelo, bien acomodada, escuchando atentamente la historia.
********

  • Tiene tela tu prima, ¿Cómo te ha podido hacer algo así? Si que debe ser de lo mas farsanta e manipulante.
  • Bueno no toda la culpa es suya… Codi no parecía que estuviera forzado a nada, más bien disfrutaba de lo lindo –le recordó Ruth, apretando fuertemente los puños e los dientes recordando todas las palabras de sus amigos, y aquella llamada, era la prueba confirmaba el hecho.
  • También tienes razón –afirmó la psicóloga, sin saber cómo animar a su paciente. Una sonrisa se le dibujo en la cara –Ruth, estado pensando como des mascarar a tu prima, creo que tengo la solución…

Siete de noviembre por la noche, Ruth lleva desde la salida de la psicóloga, nerviosa intranquila poco a podido parar, ni un minuto, los recuerdos de esta última semana han sido insoportable para ella, ni una llamada de Codi, y desaparecido cuando ella llamaba. Necesitaba una explicación del porque lo había hecho, el delito ya estaba formado, pero si hablaban aun se podía arreglar las cosas, pero el culpable que le interesaba no daba la cara, ella cada vez se sentía más dolida e decepcionada, incapaz de perdonarle. Hace una semana, ni Rackel había ido a dormir, llamó que pasaba la noche en casa de una amiga, pero ella sabía bien que estaría con Codi, no tardó en confirmarlo, cuando a las cuatro de la mañana recibió un mensaje de esta <<oh Ruth, tu novio es una maquina en la cama, ummm si, siii, no paresss>> Ruth empotró el móvil contra el suelo, dando un grito de histeria, por suerte sus padres no se inmutaron, tendrían los cascos puestos por sus escandalosos vecinos, y no se enterarían de nada, aprovechando bajó a la cocina, sabía que lo que iba hacer no era lo correcto, pero estaba demasiado nerviosa, las lágrimas brotaban por sus mejillas sin dejarse de repetir una y otra vez <<¿por qué Codi? ¿Por qué me has hecho todo esto?>> recordó como bajó con patosidad, chocando con lo que encontraba a su paso, deteniéndose a escuchar por si sus padres hubieran despertado, pero por su suerte, todo continuaba tranquilo. Un respingo le sobresaltó el cuerpo, al continuar recordando, como en la oscuridad se engullía todo lo que había a su paso, una vez más, e yendo directa al baño a meterse los dedos, sacándose todo lo acabado de meter. Con debilidad volvió a la habitación. Había dejado todo recogido así que no tenían porque sospechar absolutamente nada. Se miró nuevamente a través del cristal, nuevamente otra mentira, cada vez se veía más gorda, cuando todo el mundo le decía más delgada. Se dejó caer en la cama y sin darse cuenta se quedo dormida… El teléfono le volvió a la realidad de todos sus pensamientos, era para Rackel, últimamente estaba muy solicitada, como siempre, su madre la remitente, pero lo más extraño es que no decía para hablar con padre, hermano de Jana. Tanto Rackel como Ruth, subieron a su habitación después de cenar. Ruth iba con paso decidido, tenía un plan entre manos, hoy su prima se delataría ella sola, ya no le Importaba salir de las animadoras, era su gran sueño sí, pero también veía he sabía que la detestaban, ahora que sabían que a Rackel no le importaba, que habían visto en ella maldad hacía su prima, estas, ya se tomaron en serio el papel de machacarla hasta que se rindiera. Estefany, Claren, Dan… la suplicaban que dejara la idea de ser animadora por ese camino, ya que jamás lo conseguiría, incluso Estefany, abandonó su gran sueño por ella <<no es decir adiós a lo que más queremos, sino buscar otro camino para conseguirlo>> le recalcó Estefany. Por Ruth dejó el equipó, Ruth no podía desaprocharle ese gesto… Antes de pasar al acción, cogió su bolso, encerrándose en el baño, algún que otro grito pegó, recalcándoles a sus padres que iba indispuesta, que no se preocuparan que no iba a devolver, pero sus padres no la creían y a menudo ponían la oreja para descubrir que estaba sucediendo. Tranquilos se quedaron al estar todo, en tanto silencio, y en observar lo limpio que estaba todo, y en el buen estado que salía su hija. Cada vez estaban más convencidos, que su pequeña ya estaba recuperada, que equivocados estaban, ya que esta actuaba cuando estaba sola o bien entrada la madrugada, que todos dormían profundamente…. Se encerraron en su habitación, Rackel se sentó en el filo de la ventana como cada noche, abrió esta, sus manos estaban ocupadas por el paquete de tabaco, y el mechero en la otra, se acomodó en ese mismo lugar. 
  • Por qué no te buscas otro lugar para calmar tu vició –preguntó Rackel sin poder evitar echarse a toser.
  • Y perderme todo el espectáculo que va primita, me lo estoy pasando bomba, dime ¿Cómo te va, con tu psicólogo anti tabaco? ¿te da mucho la paliza? –preguntó con una sonrisa burlona, echándole todo el humo a la cara.
  • Él me cree –contestó aumentando su toserá –y lograré des mascararte.
  • ¿Sí? ¿En serio primita? ¡no me hagas reír! Destruiré todas las pruebas como la otra vez ¿o es que te has olvidado que soy más lista que tú? Nadie va a descubrir que soy yo la que llena la habitación de humo –dijo entre risas.
  • Ríe mientras puedas, porque quien ríe el último ríe mejor, y a ti no te van a quedar ganas de reír –le recalcó Ruth, con una sonrisa en su cara.
  • Mira como tiemblo primita, no me das ningún miedo, tienes problemas más graves que des mascarme, yo ya he logrado mi propósito echarte del equipo de animadoras, y yo sigo con ellas, porque tengo un cuerpo diez a diferencia que tú ¿crees que algún día te hubiesen cogido si no fuera por mi? Ni en sueños, y da las gracias que mande esa foto, en que salía una preciosidad, es decir yo –aclaró mandándose besos a sí misma –sino nunca hubieses podido entrar con lo foca que estabas y sigues estando –le dijo mirándola de arriba abajo, como con asco –yo no hubiese podido disfrutar de la gran humillación e sufrimiento que as pasado –contestó con gran felicidad -además te has adaptado lo más pronto de lo que esperaba a vomitar, con meterme los dedos, adaptar al estómago hacerlo sin necesidad de obligarlo siempre, ya es una necesidad ¡es que soy fantástica, te hecho enfermar! Menos mal que has aprendido pronto, bueno mejor dicho tu estómago, porque era muy cansado arrastrarte hasta el baño, obligarte a vomitar, pero a fin de cuentas lo hice por tu bien, al menos, te he hecho creer, que tu sueño estaba a punto de hacerse realidad ¿de verdad creías que yo te lo iba a facilitar? ¡que poco me conoces primita! –produjo otra carcajada. La puerta se abrió sin aviso. Las dos jóvenes se sobresaltaron.
  • Chicas nos ha llamado la vecina de dos manzanas mas para arriba, tiene un asunto urgente que explicarnos, nos ha pedido, que papa/tío y yo, que vayamos –explicó Loren –probablemente tardemos un rato largo.
  • Nos llevamos los teléfonos móviles por si hubiera algún problema, nos pegáis una llamada, vendremos al momento, hacer bondad chicas, Rackel, vigila a Ruth, confiamos en ti –le guiño un ojo a su sobrina Jack, antes de volver a cerrar la puerta.
  • ¿Lo ves? Tus padres confían plenamente en mí, jamás les mostrarás lo diablo que realmente soy –dijo una vez que hubo sentido como la puerta de entrada se hubo cerrado. Un mensaje de móvil advirtió a Rackel –ummm es una suerte que tus padres nos hayan dejado solas… me estoy excitando –informó pasando sus manos, por todo su cuerpo, profundizando en sus zonas más intimas, produciendo leves gemidos –mi compi de locuras quiere jugar, yo me muero por volver a ver esa preciosa butifarra que tiene a través de la web cam ¡ummm! ¿te apuntas tú también? Podríamos hacer un trío ya verás cómo te gustaría, es muy placentero, ya es hora que te inicies con quince años que tienes –le insinúo la última frase con un suave murmuro, sensual, aproximando su mano, en las zonas más sensibles de Ruth.
  • ¡a mí me olvidas! ¡No me metas en tus juegos guarros, he pornográficos! –exclamó Ruth, dando un salto, separándose considerablemente de su prima.
  • Bien, tú te lo pierdes, mejor para a mí, así no tendré que compartir con nadie –dijo dirigiéndose hacia la puerta -aunque si quieres –se detuvo e giró antes de salir –llamamos a Codi, he hacemos un cuarteto, no veas tu novio que bueno es en la cama, es una pasada ¡ummmm! –recordaba la joven de diecisiete años.
  • ¡Lárgate ya! –gritó alzando un cojín al aire, tirándoselo con todas sus fuerzas. Este cayó al suelo, tras, topar con la puerta cerrada.
Rackel le había tocado la vena sensible… Codi… ¿tan poco la quería, tanta farsa fue lo vivido que aun no había dado la cara después de infidelidad? Entendía que se podía sentir avergonzado, pero es ella que quería hacer las paces, ella era la víctima, y quien estaba haciendo todo lo posible por hacer que todo se arreglara. ¿Codi tan poco la quería que no era capaz de afrontarlo, al error que él mismo cometió? Ahora se daba cuenta, que los meses que duraron no fueron más que una mentira, en el que tal ingenua era, que se la creyó plenamente. Volvió a la realidad, negando continuamente con la cabeza ¡no podía continuar pensando en ello! ¡No podía hacerse más daño a ella misma! ¿Pero cómo evitar ese sufrimiento? Le volvía a temblar todo su cuerpo, su respiración se aceleró, sabía cómo calmarse, aunque no era lo correcto pero lo necesitaba, era la ocasión oportuna, sus padres fuera, su prima con el cibersexo… sí lo haría <<¡la última vez!>> se dijo firmemente, pero antes, tenía que acabar lo que había empezado…

  • Buenos días Ruth ¿Qué tal as descansado? –preguntó Jack levantando la vista del periódico.
  • Bien muy bien –contestó mirando por unos segundos a Rackel.
  • Le decíamos a Rackel, que ayer nos entretuvimos más de la cuenta en casa de los vecinos, cuando volvimos ya dormíais –expresó Loren, repartiéndole, dos tostadas recién hechas.
  • ¿Todo transcurrió con normalidad? ¿No paso nada que nos tenga que preocupar? –preguntó angustiado Jack.
  • No papa, todo fue bien –contestó Ruth, volviendo a clavar la mirada a su prima por pocos segundos. Acabaron los cuatro, levantándose a un mismo tiempo. Era sábado así, que prisa no tenían ninguna. El ejercicio de Ruth fue suprimido a causa de la enfermedad que ya llevaba con ella. Ruth, subió a su guarida, aunque en pocos minutos, volvía a estar abajo, con algo entre sus manos –mama, papa, sentaos por favor me gustaría que escucharais algo –les pidió educadamente. Loren y Jack se sentaron mirándose con preocupación, por las futuras palabras de su hija. Ruth les mostró una cinta grabadora.
  • Bueno yo tengo cosas hacer –se disponía a irse Rackel.
  • No primita, aun no te vayas, siéntate también, esto también te interesa a ti –le informó con una débil sonrisa picara. Esta obedeció, sentándose en el centro de sus tíos –bien señores y señoras, acomódense, porque en pocos segundos descubrirán toda la verdad, y nada más que la verdad –se sentía como un juez antes de declarar el final de un juicio, ¿inocente o culpable? Era bien clara la sentencia de Rackel Parcker…

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