domingo, 19 de julio de 2020

Mentira tras el cristal: Capítulo 4



Al llegar de esa primera cita poco más de la una de la madrugada, su sorpresa fue grande, cuando entro con cautelo para no despertar a su prima, encontrándose con la habitación vacía y el ordenador encendido, con el buscador google en la pantalla. La puerta se abrió, entrando Rackel, en un camisón largo, he un cigarrillo en la mano.

  • Ruth ¿ya has llegado? No te esperaba tan temprano –se sorprendió Rackel sobresaltándose al ver la figura de su prima en la oscuridad.
  • ¿Qué haces despierta a estas horas? ¿Qué hacías con internet enchufado? Ya sabes que no podemos si no están mis padres presentes –le recordó Ruth.
  • No estaba haciendo nada malo, solo mirando unas cosas mientras llegabas.
  • ¿Qué cosas? –desconfió Ruth, yendo para el ordenador observando que había una ventana, minimizada que parpadeaba con una luz naranja.
  • Nada, nada no tiene importancia –puntualizó toda sonriente, entrometiéndose en el camino de Ruth –vayamos a dormir –la empujaba a su cama.
  • ¡Ei el cigarro! ¡apágalo! –le puntualizó. Está lo hizo sin protestar, reacción que le extrañó grandemente.
Eran las diez de la mañana, los cuatro miembro Parcker almorzaban escuchando el relato de Ruth de su primera cita que se cayó por completo, lo que contemplo, cuando entro en su habitación. Su móvil sonó, teniendo como remitente su mejor amiga. Allí abandonó a todos los presentes, encerrándose en su habitación.

  • Hola Ruth, ya tenía ganas de hablar contigo –dijo nerviosa e ansiosa.
  • Sí yo también, tengo tantas cosas que explicarte uff –expresó.
  • Cuenta, cuenta, tengo todo el tiempo del mundo –se acomodo Claren acomodándose –si no tienes espías claro –le aclaró.
  • No, no está abajo desayunando, que después te tengo que explicar algo de ella, que no me huele nada bien.
  • ¿El qué? –interrogó Claren.
  • Después te cuento, antes déjame sacarme esta lujuria que tengo de Codi.
  • Sí si por supuesto ¿¿Cómo fue?? –se emocionó también Claren.
  • Muy bien tía buffffff, es un cielito de chico, es todo un caballero.
  • Eso está muy bien, pero quiero ¡detalles! –se impacientaba la joven – ¿que hicisteis? ¿Dónde fuisteis?...
  • Yo estaba bien pérdida de donde iríamos exactamente, quedemos en ir a cenar e ir al cine, pero ya no sabía más. Fuimos a uno de los mejores restaurantes, y adivina… -le dijo, sin dar tiempo a que Claren contestara – ¡pagó el toda la cuenta! Yo insistí pero no quiso, barata no era la verdad.
  • ¡Oh que detalle! –se emocionaba su receptora.
  • Además todo un caballero, me retiro la silla para que pudiera sentarme.
  • ¿Después donde fuisteis?
  • Paseemos por las ramblas, cogidos de la mano, estábamos algo tímidos, pero íbamos hablando, había un cielo estupendo, pero de repente se levantó un poco de airecillo, y nos empezaron alcanzar unas nubes bien negras, al igual que unos truenos e relámpagos.
  • Cierto, una tormenta de verano, cayo fuerte, ya me acorde de ti ya, ¿qué paso? ¿qué hicisteis?
  • Él sacó de una bolsa que llevaba una chaqueta, y me la puso por encima, para que no pasara frio, él tenía frío se le notaba, pero él, lo negaba no paraba de repetirme “yo puedo aguantar, lo que no quiero es que pases frío tu”, me apretaba suavemente contra su pecho, para darme calor, sin hacer nada guarro ¿¿eh?? –le aclaró imaginando lo que su amiga debería estar pensando –solo lo hacía para que no pasara frío.
  • ¿Donde os resguardasteis? –le interesó Claren.
  • Nos metimos en los arcos, nos sentemos en uno de los largos bancos, con nuestras espaldas apoyadas en la pared, el me abrazaba, mirábamos la lluvia sin decirnos nada, yo estaba nerviosa, y notaba que el también por el fuerte palpitar de su corazón. Dejó de llover, me ofreció ir a tomar, un helado, si me apetecía, a pesar de haber refrescado, a ambos nos hervía la sangre.
  • Y después ¿¿qué?? –se impacientaba Claren – ¿te besó? ¿os enrollasteis?
  • Continuemos paseando cogiditos de la mano, hablando, y comiendo nuestro helado. Nos sentemos en el césped de un parque conversemos largo y tendido, y también nos piropeemos uno al otro.
  • ¿¿¿Y???
  • Después me acompañó a casa, antes de despedirnos… -dijo lentamente Ruth.
  • ¿Qué? ¿¿¿Qué sucedió??? –notaba como sus nervios crecían por segundo que pasaba.
  • ¡Me besó! Esta vez fue más largo e apasionado.
  • ¿Y ya está? –se desilusionó Claren – ¿no os enrollasteis ni nada?
  • Nooooo –exclamó Ruth –ambos queremos ir despacio, él ha tenido más relaciones, pero sabe que yo no, por eso mismo quiere ir poco a poco, dejar que yo marque el ritmo.
  • ¡Cómo tiene que ser si señor! –admiró Claren – ¡pues me alegro mucho, que todo fuera tan bien, espero que así siga, por mucho tiempo! -¿qué me querías explicar de tu prima?
  • A si tía, pues resulta que cuando llegue el ordenador estaba encendido… -le comenzó a explicar. Se sobresaltó a sentir la puerta del cuarto que se abría, era su prima –es que no sabes llamar ¿o qué?
  • ¿Qué pasa primita? ¿he interrumpido algo? ¿ya me ibas a criticar?
  • Si –murmuró lo suficiente bajo para que no la sintiera –lo siento Claren, la innombrable a entrado. Tras despedirse de su amiga, se levantó de la cama, y con paso firme pero sin quitarle los ojos de encima, se situó en el ordenador, pegando un grito a su madre, para que subiera.
  • Que… ¿Qué haces? ¿por qué la llamas? –se sobresaltó Rackel.
  • Dime cielo, ¿me has llamado? –asomó por la puerta Loren.
  • Sí mama, me voy a conectar en internet –le avisó Ruth.
  • A ok, has hecho muy bien de avisarme, gracias una vez mas de todo corazón, sé que es un rollo, que así no tenéis intimidad de nada, pero es por vuestro bien de verdad, cuando seáis madres lo entenderéis –dirigía la mirada, una vez a Ruth, otra a Rackel, con una tierna sonrisa, sentada en la cama.
  • Lo se mama, voy a mirar el correo –dijo cogiendo el mouse, dirigiéndose, al lugar indicado –¡Wuaw! –exclamó de repente.
  • Que… ¿Qué pasa? –dio un salto Loren poniéndose en pie, acercándose a su hija, investigando el motivo de la exclamación.
  • Me han contestado… las de el equipo de animadoras me han res puesto… -expresó nerviosa.
  • ¿¿Si?? ¡Eso es fantástico cariño! –la abrazó Loren.
  • Escuchar, escuchar: nos ha encantado tu perfil, tu físico, tus estadísticas, eres perfecta para formar parte del equipo de animadoras, solicitamos una entrevista lo antes posible, preséntate en nuestro gimnasio y acabaremos de concretar ¡no me lo puedo creer! ¡me voy ahora mismo, contra antes vaya, mejor! –se levantó de un salto de la silla.
  • Me gustaría ir contigo –se ofreció Rackel.
  • Sí, iros las dos, así os tocará el aire, os irá bien –animó Loren.
  • Bueno… vale que me acompañe… -acabo diciendo Ruth, a la cual no le entusiasmaba la idea, pero estaba demasiado feliz para discutirlo.
A las dos horas la puerta se abrió de un portazo.

  • ¿Que… Qué pasa? –se sobresaltó Jack que miraba tranquilamente la televisión, junto a Loren ambos acurrucados en el sofá medio adormilados. Vieron a su sobrina y a su hija discutiendo a grito limpio –eh chicas ¿Qué os ocurre?
  • ¡Esta tía es una impostora, es una farsante, una mentirosa! –gritó Ruth.
  • ¿Por qué? ¿qué ha pasado? –quiso saber Loren, levantándose del sofá, intentando poner orden.
  • ¡Eres una manipuladora, lo hiciste a posta!
  • De verdad que no, yo no pensé que se iban a fijar en mí, yo solo quería ayudar –le empezaban a caer las lágrimas a Rackel. Loren le abrazó.
  • Podéis dejar de discutir durante unos minutos y decirnos que ha pasado –intentó Loren mirando a Jack que estaba tan perdido como ella.
  • Diles… diles que hacías el otro día conectada en internet mientras todos dormían –acabo diciendo Ruth presa por la rabia. Los ojos de Rackel se pusieron como dos naranjas y un rostro de sorpresa.
  • ¿Eso es cierto? –miró Loren a los ojos de Rackel sorprendida.
  • Sí tía, lo siento no lo volveré hacer mas, no podía dormir, y quería ayudar a Ruth de alguna manera, me sabía tan mal, que no pudiera conseguir su sueño –dijo fingiendo pena y arrepentimiento con una cara como si nunca hubiese roto un plato.
  • Tranquila cielo, estas perdonada, pero no lo vuelvas hacer mas, no sea que te hagan daño de verdad –le abrazó fuertemente Loren.
  • ¿Por eso te enfadas Ruth? –se extrañó Jack acercándose a su sobrina, para también consolarla.
  • ¡Es una mentirosa! –exclamó Ruth -diles, diles que foto les enviaste –dijo con la voz rugosa, señalándola con el dedo tembloroso.
  • Una que salíamos ella y yo…
  • ¡¡Ella y yo!! ¿¿¿cómo se van a fijar en mí, estando ella delante???
  • ¡No pensé que se fijarían en mí! ¡yo solo quería ayudarte! –se hizo más intensó su llanto.
  • Si ya…
  • ¡Vasta Ruth! ¡no ves lo arrepentida que está! ¿¿Es que no tienes corazón?? –le exclamó su madre.
  • ¡Vosotros sí que estáis ciegos para no daros cuenta de la gran mentira que tenéis delante! –exclamó Ruth, saliendo de la casa dando un portazo.
La puerta se abrió, entrando por ella Ruth cuando el reloj marcaba las nueve y media de la noche. Echó un vistazo, observando que tanto sus padres y su prima, tenían una actitud seria, extraña.


  • ¿Qué pasa? –acabó preguntando mirando a los tres con desconfianza.
  • Siéntate Ruth tenemos que hablar –comenzó Loren levantándose de su asiento, para que su hija se sentara.
  • ¿Qué pasa? Me estáis asustando –dijo Ruth, mirando ahora a su madre, ahora a su padre.
  • Rackel, nos ha contado vuestro secreto.
  • ¿Sí? ¡menos mal, porque yo no aguantaba más, ese olor a humo! –suspiró Ruth.
  • ¿Por qué no nos lo dijiste antes tu misma? –le cogió la mano Loren.
  • ¿¿Yo?? Era su secreto, me hizo callar, a cambio de traicionarme –fusilo a su prima con la mirada.
  • ¡Ya te dije que lo siento!
  • ¡Ya está bien Ruth! –exclamó Jack.
  • Cariño sabemos el problema que tienes… no tienes porque avergonzarte, todos hemos pasado por eso alguna vez.
  • ¿Habéis pasado por qué? ¿qué sabéis? –se desconfió Ruth.
  • Hemos encontrado esto, en tu mesita de noche –se sacó de los bolsillos un paquete de tabaco y un mechero, Loren.
  • ¿Esto? Esto no es mío –dijo Ruth tranquila.
  • Cariño, no hace falta que disimules mas, no pasa nada, nosotros te podemos ayudar –le dijo Jack dulcemente.
  • Además no quieras disimularlo, la habitación apesta a tabaco –le recordó Loren.
  • ¡Si apesta, pero esos cigarros no son míos! –arrebató Ruth, poniéndose de pie – ¡son de Rackel!
  • ¡Ya estamos! ¡asume tus responsabilidades! –gritó Jack viendo lo sorprendida que estaba su sobrina.
  • ¡Esto es increíble, creéis antes a una desconocida que a vuestra hija! –se encerró rápidamente en su habitación.

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