domingo, 19 de julio de 2020

Mentira tras el cristal: Capítulo 2



Sentada en su cama, con las piernas cruzadas, su espalda apoyada en la pared, se encontraba hablando con su mejor amiga por el teléfono inalámbrico de la casa, con sus pelos bien revueltos, con su reloj marcando de enfrente, las nueve de la mañana señalaba, y ya hacía despierta desde hacía tres horas.
  • Ya sentí que ayer, cuando te encontré, interrumpía algo, lo siento –se disculpó con lamentación Claren.
  • Uffffff tía, me han gustado un montón de chicos, pero como él ninguno, y el beso que me dio, fue especial ¡fue único! –se emocionaba Ruth, al recordarlo.
  • Me alegro muchísimo por ti –se alegro Claren –tienes su número de teléfono ¿no?
  • No… -respondió con mala cara –me vino de tan sorpresa y luego tu, me quede bloqueada, mi reacción fue huir.
  • ¡Oh Ruth! Si lo llego a saber, no hubiese ido a por ti –se arrepintió Claren.
  • Apenas he dormido pensando, en su cara, sus ojos, su cuerpo ¡quiero volverle a ver y quedar con él! –acabo gritando.
  • ¡Espero que tengas suerte! –le animó Claren.
  • Gracias, pero va a ser difícil que quiera saber algo más de mí tal como me fui el otro día… que se le va hacer… metí la pata hasta el fondo –dijo arrepentida.
  • Nunca se sabe… -insistió Claren optimista –no olvides que es el primo de Dan, siempre te puedes informar por él.
  • Ya… cambiando de tema… –acabo diciendo Ruth que el tema le estaba incomodando por momentos – ¿a ti como te fue con John?
  • ¡Oh muy bien!, estuvimos charlando e paseando cogidos de la mano, el no me beso ni nada de eso, pero me aseguro, que volveríamos a quedar los dos solos en la intimidad –explico ilusionada.
  • ¡Pos a ver si tienes suerte! –le animó Ruth de todo corazón –te dejó un momento, que me están llamando por la otra línea… –le informó –jo tía, no te lo vas a creer ¡era Codi!
  • ¿¿¿¿Codi???? –tuvo que separarse el teléfono de la oreja, al escuchar el grito de Claren -¿¿Cómo qué te ha llamado?? ¿¿Cómo ha conseguido tu teléfono?? ¿¿qué quería?? –parecía más ansiosa Claren que Ruth.
  • Ha conseguido el teléfono gracias a Dan, me ha dicho, que lamentaba si hubiera hecho algo no debido, al irme de aquella manera, se quedo preocupado, si me era sincero, le gustaba mucho, que no puede dejar de pensar en mí, que si quiero salir con el… -explicaba Ruth.
  • ¿¿Tu que le has dicho?? –se hallaba más nerviosa Claren, como si estuviera viendo una película de suspense, abrazándose a su gigante corazón de peluche.
  • ¿¿Tu qué crees?? Que siiiiiiii –no pudo contener más Ruth. Sintió como un coche paraba. Se levanto de la cama, con el inalámbrico en la mano, asomándose en la ventana, observando como su padre ya llegaba, de recoger a Rackel del aeropuerto. Las once de la mañana marcaba en el despertador ¡¡cinco horas al teléfono!! Una buena le esperaba, cuando llegara la factura, ¡aun estaba sin vestir ni nada! –Claren, la pija de mi prima ya está aquí –le informó haciendo una mueca –te tengo que dejar, que estoy sin arreglar ni nada, ya te llamare, Justamente después colgó, empezándose arreglar –el grito de su madre la sobresaltó, justo acababa de abrocharse el pantalón – ¡ya bajo! –se peino por encima e arregló mínimo la habitación, para disimular que había estado haciendo el vago, durante horas, aunque desgraciadamente, serían conscientes tarde o temprano. Bajo la escalera, despacio, sin prisas y menos sin entusiasmo ninguno, mientras le mandaba un mensaje de texto a Claren, para quedar tras esa falsa cálida bienvenida que tenía que dar a su primita. Sentía el hablar, y el reír de sus padres, con aquella, que para ella era una desconocida.
  • ¡Ei Ruth! ¡qué alegría me da volverte a ver! –exclamó con alegría Rackel, dándole un fuerte abrazo. Sin ser vista, lanzó una mueca de asco, ante la falsedad que le predominaba. Su prima tenía diecisiete años; alta, delgada, su piel blanca sobresaltaba, en su pelo largo y rubio casi blanquecino, ojos claros como el mar e había vivido siempre en Tchecoslovaquia, apenas la había visto cuatro o cinco veces en todo este tiempo. Así que no exageraba cuando decía que era una desconocida. Jack y Loren salieron a buscar el equipaje de la invitada. Las dos jóvenes se quedaron cara a cara, mirándose una a la otra, una sonrisa maliciosa salió de la boca de Rackel, Ruth la mataba con la mirada. El abrir de la puerta las despistó, volviendo en sí.
  • Tío, tía, he tenido una idea, ha ver que os parece… si hiciéramos una fiesta como bienvenida –propuso Rackel pícaramente. Los ojos de Ruth, se abrieron como los de un búho al sentir esas palabras, al mismo tiempo que sus ojos eran testigos como la propuesta de Rackel, no era más que para fastidiarla.
  • Es una excelente idea, llamaré a la familia hacen mucho que no te ven, seguro que están encantados –contestó Jack.
  • Sí, por supuesto, yo me encargaré de la comida –se ofreció voluntaria Loren con alegría.
  • Yo no me puedo quedar, he quedado en pasar el día con Claren –le informó rápidamente.
  • Pues lo tendrás que anular, a Claren la ves cada día, a tu prima lo contrario, que mínimo que respetar esta comida –le asqueo su madre, dirigiéndose a la cocina con algunos platos entre sus brazos.
  • Pero mama, ¿a qué viene hacer una comida en su honor, de la noche a la mañana? Además a nosotras no nos cae bien, y nosotros a ella tampoco –le aclaró Ruth siguiéndola.
  • Es la sobrina de papa, él está entusiasmado, de poder tener a su sobrina después de tanto tiempo sin verla –explicó Loren –no confundas hija, él también está dolido, por no poder hacer el viaje.
  • ¿Sí? Pos podría demostrarlo en vez de hacerle una fiesta sorpresa –se quejó Ruth, cogiendo rebote, encerrándose en su habitación.
A las tres de la tarde la casa de Ruth, estaba repleta de familiares, que no les importaron ser avisados a última hora, se apuntaron a la comida, sin pensárselo dos veces. Ruth, se veía atrapada por tíos y tías que hablaban alegremente con su prima. Diferentes regalos le habían hecho, entre besos y abrazos, y a ella en cambio ni un regalo le hacían por su cumpleaños. No era celosía pero ¿por qué tenía que soportar todo aquello, en su propia casa, por una desconocida que era más farsante que Judas? La prueba era aquella, la mirada que le había echado una vez las dos solas su prima, que no estaba allí, de buenas sino para hacerle la vida imposible, ya estaba consiguiendo su propósito, solo había hecho que llegar…. Pidió permiso para levantarse, subiendo a su habitación. Su cabeza no dejaba de trabajar, y preguntarse << ¿por qué estaba allí su prima?>> << ¿por qué no se había ido con el resto de su familia que estaba en Tchecoslovaquía?>> se sentó frente al ordenador, encendiéndolo, teniendo en la pantalla una fotografía en el campo de ella misma, con Claren y Dan, se conecto a internet para mirar si se presentaba algún curso de animadora, para este verano, su gran sueño. Cada año lo intentaba, pero siempre le decían que no cumplía la edad, que era a partir de los quince, ya los había cumplido, ya no tenían escusa. Miró en la página web del ayuntamiento, pero no habían salido aun las listas… tendría que esperar… Se sobresaltó al abrirse la puerta, entrando su madre con su prima.
  • ¿Qué haces en internet Ruth? –preguntó Loren.
  • Nada, estaba mirando las listas de animadoras, ya tengo los quince años, pero aun no han salido.
  • Ya sabes que no quiero que te metas, en internet sola, y menos en los chats –le recordó Loren.
  • Lo sé, solo estaba mirando lo de las animadoras de verdad.
  • ¿Por qué no puede entrar en los chats tía? –se encuriosió Rackel.
  • Porque allí no hay nada bueno, solo chicos, hombres, que mienten mucho con único objetivo hacer daño a chicas como vosotras, así que esto también va por ti, Rackel, el internet queda prohibido si no es bajo visión del tío o mía.
  • Vale tía lo entiendo, así lo haré –puso su mejor cara Rackel.
  • Sabía que lo harías cielo, voy a buscarte tu puf, enseguida lo subo -expuso Loren.
  • ¿Su puf? ¿aquí? ¿para qué? –interrumpió Ruth.
  • Dormirá en esta habitación, contigo -le anunció su madre.
  • ¿¿¿Qué??? ¡¡Que duerma en la habitación de la abuela!! –gritó – ¡aquí en mi habitación no la quiero! –los ojos de Rackel, se fueron humedeciendo, y el llanto empezó a ser el protagonista.
  • Yo quería dormir contigo… para recuperar todo el tiempo perdido… en estos diecisiete años que tengo… por culpa de la distancia… no pensé que me quisieras tan poco –lloraba viendo como su tía, la abrazaba consolándola.
  • Ya está bien, Ruth ¡te has pasado! -le regañó Loren.
  • ¿qué pasa? ¿por qué lloras Rackel? –entro en la habitación Jack –¡ya está bien Ruth! Pídele perdón o estarás castigada todo el mes, sin tele, sin salidas, sin ordenador, sin teléfono y sin amigos –le exigió su padre.
  • ¡Esto es increíble! ¿¿No veis que está fingiendo?? –les preguntó observando cómo su prima sonreía por lo bajo, con toda aquella escena, se lo estaba pasando en grande.
  • Diez, nueve, ocho, siete… -contaba su madre.
  • ¡Papa!
  • Seis, cinco, cuatro… -le seguía su marido.
  • ¡Oh! –pegó un grito de desespero Ruth, ya que nadie la creía, no tenía alternativa – ¡perdona! –gritó saliendo corriendo de la habitación y también de la casa.
Al cabo de algo más de dos horas, volvía a casa.

  • ¿Dónde te habías metido? Salir de esa forma ¡no es propio de ti! Tu prima ha tenido que salir sola a conocer el barrio –le reprocho Loren.
  • ¡Encima! –no dijo más Ruth, subiendo para arriba. Grande fue su sorpresa, que al entrar en su habitación se encontró con Rackel, sentada en el filo de la ventana, acomodada, fumándose un cigarro, observando a través de la ventana abierta.
  • ¡Eh niña! ¿pero qué te has creído? ¡apaga ahora mismo ese cigarro! En esta casa no, nos va ese rollo –exclamó –pero por otro lado ya me va bien, así, al fin mis padres me creerán –dijo, orgullosa de su idea, dispuesta a bajar.
  • Bueno… tu misma, chívate, pero entonces marchare de esta casa jamás te podré ayudar a realizar tu sueño –se incorporo, con las piernas hacia dentro, apagando el cigarro, en la ventana, tirándolo al suelo del jardín.
  • ¡Tú no sabes nada de mis sueños, tú no sabes nada de mí!
  • Primita por favor, si lo has dicho, delante de mí, entrar en el equipo de animadoras….
  • ¡Tú que sabrás de eso!
  • Primita por favor… mírame, soy miss Txecolosvaca –presumía Rackel, sin ser consciente que Ruth, hacía esfuerzos para no vomitar –aparte tengo contactos, tanto por Txequía, como por América.
  • ¡Pues demuéstramelo! –le ordenó Ruth.
  • Tiempo al tiempo primita, hacemos un trato, tú no dices nada a tus padres, del tabaco yo te ayudo, a qué tu sueño se haga realidad –le propuso Rackel. Ruth, dudó durante unos minutos.
  • Trato hecho –le estrechó la mano finalmente.

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